Cuando has perdido el tren, el bus, el camino de ida y hasta
el de vuelta, cuando la estación se halla completamente vacía, con la pena
tendida y el alma desparramada por tierra.
Cuando no sabes ni si quiera si puedes continuar e
irremediablemente te das de frente solo contigo, ese terrorífico momento donde
la verdadera soledad se sienta en tu sofá y te relata las tan temibles
historias de quien fuiste, y ya no eres, y te sirve el dolor junto a un vacío
amargo que invade tus entrañas y te recuerda lo mal que estuviste y que, ahora
la realidad, no es para tanto.
Entonces callas, hundes la...

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