Se descuelgan los segundos tan velozmente que, si parpadeo
habré perdido.
Y en la tranquila noche, el sonido del tic tac irrumpe el
sueño, explota en mi cerebro, advirtiendo que, es ahora o nunca será, qué, en contra
de lo que yo creía, no sólo se trata de empezar, sino de continuar haciéndolo. De
vivir mucho más allá del “simple” momento.
Uno, dos, tres y habremos entrado en el tiempo de descontento, ese, si me permites...

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