Allá el universo no será tan inmenso, ni nos entrará el
pánico de que la madrugada nos coja besándonos o algo menos.
Allí los dientes apretados y las manos cerradas estrecharan
lazos que, tal vez, nunca lleguen a partirse. Y ya me gustaría no perderme, no tener que
meter los recuerdos dentro de una maleta vieja y lanzarlos bajo la premisa “ya
nunca más volveremos…”
No hay cuerpo para tanta herida, ni tanta mente para tal
cantidad de cicatrices.
Que no te engañen, aquí siguen pasando...

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