Llevo
días, de alguna manera, atrapando con lazos el último recuerdo, reprimiendo la
visión de tu rostro entre sábanas blancas en el ambiente gélido. No deja de ser
una evocación dolorosa, acepto el recrearme de una manera masoquista por tal de
tenerte anclada a mi presente de la única forma que puedo. Y es que no quiero
olvidarte, sé que quizás deje de doler en algún momento o tal vez no. Pero correré
el riesgo.
Que
duro es no haberte dicho te quiero a tiempo, son de esas cosas que siempre
dejamos para después, que damos por sabidas y que luego recapitulas una vez ya
no pueden ser escuchadas.
Aceptar…
Pretender que la realidad no cambió, que la vida sigue tal cual, pero lo cierto
es que ya no estás, ni vas a estarlo. Así que sí, al menos hoy, me niego a
permitir que este dolor abandone mi ser, si es la única manera de tener un
trocito de ti conmigo.
Aunque
no ya sirva…
Te
quiero abuela.
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