domingo, 4 de enero de 2015



Tiembla bajo la sábana, el miedo sacude duramente cada parte de su cuerpo y ella, cobarde no se desgasta en evitarlo.

Sigue, a pesar de lo años, sintiendo un pánico aterrador a las tardes frías y oscuras de invierno, al silencio que amenaza con despedazar cada partícula de valentía que recrea tras la manta.

Allí está, perdiendo los segundos mientras idea un plan que la enloquece aún más, tratar de articular el auxilio que le haga funcionar de alguna de las maneras, para poder escapar de la encerrona que su cerebro orquesta muy a su pesar.

No puede continuar esperando, ansiando blandir una espada que no tiene y matar unos monstruos que no existen. Se está volviendo loca y lo sabe.

Nadie, ni si quiera ella hace nada por impedirlo. Va cayendo, como un yunque desplomándose a trecientos kilómetros por hora desde lo alto de un rascacielos.

Y en vez de desplomarse, debería estar soñando…


Sigo esperando que alguien encienda la luz cada maldita noche…

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