lunes, 22 de octubre de 2012

Enfrentarme...



Esta mañana te busque entre las sábanas de mi cama… en las gotitas del espejo, tras el cristal de la ventana, en olor del pijama, en el reflejo del agua del fregadero, frente al ordenador, en el hueco del sofá, tras la puerta de la habitación, en mis brazos desnudos, detrás de mi espalda, en la espuma de la ducha, en el sonido de esa canción que tanto te gusta, en las últimas palabras, entre mis labios, en la toalla colgada en la puerta del baño, en la huellas de polvo marcas por el pasillo, entre el desorden asiduo del cuarto, en cada uno de los rincones de este execrable piso…pero no estás.

Se abre el abismo… tu presencia hace que me mantenga en esa cuerda aún en equilibro. De tanto contraer y tirar, se afloja. Me pesan los pies, el miedo bloquea mi instinto de supervivencia y sigo aquí arriba, peligrosamente enfrentándome a la inmensidad.

No tengo pánico de caer, pero sí de perderte. Que se rompa la cuerda es lo de menos, de todas formas sé con casi total certeza que de esta no salgo cabal. Estar levitando en el aire es una mezcla excepcional de vértigo y libertad, de miedo y bienestar. Todo tiene un precio que pagar.

Para mí es un placer jugar una y otra vez a pasar, aún sabiendo que cuanto más tiempo transcurra aquí arriba más cerca está la profundidad de ese boquete ansiando absorberme y quebrarme por la mitad, desintegrando cada parte de mi ser, martirizándome con cada uno de los segundos que estuve disfrutando en el ir y venir de esa cuerda.

Tú eres mi equilibrio, no permitas que me caiga.

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