Esta
mañana te busque entre las sábanas de mi cama… en las gotitas del espejo, tras
el cristal de la ventana, en olor del pijama, en el reflejo del agua del
fregadero, frente al ordenador, en el hueco del sofá, tras la puerta de la
habitación, en mis brazos desnudos, detrás de mi espalda, en la espuma de la ducha,
en el sonido de esa canción que tanto te gusta, en las últimas palabras, entre
mis labios, en la toalla colgada en la puerta del baño, en la huellas de polvo
marcas por el pasillo, entre el desorden asiduo del cuarto, en cada uno de los
rincones de este execrable piso…pero no estás.
Se
abre el abismo… tu presencia hace que me mantenga en esa cuerda aún en
equilibro. De tanto contraer y tirar, se afloja. Me pesan los pies, el miedo
bloquea mi instinto de supervivencia y sigo aquí arriba, peligrosamente
enfrentándome a la inmensidad.
No
tengo pánico de caer, pero sí de perderte. Que se rompa la cuerda es lo de
menos, de todas formas sé con casi total certeza que de esta no salgo cabal.
Estar levitando en el aire es una mezcla excepcional de vértigo y libertad, de
miedo y bienestar. Todo tiene un precio que pagar.
Para
mí es un placer jugar una y otra vez a pasar, aún sabiendo que cuanto más
tiempo transcurra aquí arriba más cerca está la profundidad de ese boquete ansiando absorberme y quebrarme por la mitad, desintegrando cada parte de mi
ser, martirizándome con cada uno de los segundos que estuve disfrutando en el ir
y venir de esa cuerda.
Tú
eres mi equilibrio, no permitas que me caiga.

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