Y de repente caer de un abismo a 100 kilómetros por hora, darte cuenta de que, ni tan si quiera, eres una de esas milésimas partes, que componen un nada de ese todo.
Y te desplomas sin poder evitarlo, ni si quiera tú sabes el por qué, no existe razón… y damos segundos. Tan solo para poder sentir como tu cuerpo se destroza contra el suelo, estalla y… desaparece.
Diminutamente eres uno más, de las mil personas que pasan por la calle, que respira, que siente, que padece y eso al mundo… no le importa.
Detén el segundero del reloj, siéntate… y llénate de ti mismo, respira, ¿notas como el aire entra por tu nariz? Sigues vivo… Eso te lo debes. Maldita mente estúpida la mía.
Malas pasadas… y esa sensación de inutilidad, donde tú vacío y mi incapacidad son tan grandes que ocupan el espacio de las palabras, esas que no te dije mientras caías, ¿cómo poder evitarlo? Sólo tú eres capaz ¡Piénsalo!

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