Ayer, antes de ayer, hace unos meses, años tal vez…
Incapacidad, da igual donde vaya y con quien, incapaz antes y ahora.
Y entran ganas de salir, de cambiar, de ir tan lejos que el cielo se queda cortísimo… pero como tantas veces, esas ganas se marchan, se esfuman, se hacen nada en dos momentos.
He de reconocer que en esos dos momentos casi alcanzo esa “plenitud”, me dejo ir, me dejo llevar, pierdo el control, mi necedad, me siento libre, quizás…
Se abrió un mundo nuevo, y sin saberlo, yo formaba parte de él. Shhh que no se entere nadie… Que este secreto forme colección junto a los otros.
Y callo más que hablo, y mira si hablo…
De repente, caer, hundirte, desmoronarte, la impotencia te recorre el cuerpo, y no puedes más que llorar, y ahí, justo en ese momento, me levanto, camino, miro alrededor, buscando no sé qué, y sigo, sin parar, echo a correr, desechando todos mis sentimientos, dejando atrás, algo que quizás vuelva, o quizás “nunca jamás”. Y en ese momento me siento libre, como si me tirara desde 100 metros y abriera los brazos para volar, libre, como si hubiese estado encadenada y las cadenas hubieran desaparecido, libre, como cuando respiras en la cima de una montaña tras llegar al final, libre, como una mariposa que se posa aquí o allá, da igual. Así, cierro los ojos, para después volver a abrirlos y mirar lo mismo.
Y todo sigue igual, no importa donde vaya, ni con quién, porque mis problemas están dentro. Eso es algo, que no puedo olvidar, y muy a mi pesar, tampoco tengo ganas de cambiarlo.
Por esa “felicidad completa” que jamás tendremos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario