El atardecer que se ve desde balcón, la luz tenue que ilumina la habitación, los reflejos rosas, violetas, amarillos y naranjados, que me hacen sentir tan bien. El reflejo que provoca en esas miradas.
Una de esas tardes de invierno frías, en las que la gente camina deprisa, en la cual su respiración queda marca por el vaho, a causa de la baja temperatura.
La nieve cuando desciende lentamente del cielo y cae al suelo haciéndose agua.
Ver la “típica” pareja que se echa fotos, no para demostrarle al mundo que están enamorados, si no para enmárcalo por siempre en algún lugar fuera de sí mismos.
Sentir esta nostalgia al pensar que hace tiempo que no disfruto de cierta compañía, y recordar que muy a pesar de mi mente autodestructiva, sigo con ganas de vivir y sentir.
Tener esos pensamientos de querer cambiar, para así ver el mundo desde distinta perspectiva, darme cuenta de que cambiar el mundo, es empezar de algún modo por cambiar aspectos de misma.
Prometerme cosas que antes me prometí, y ya no recordaba, y pensar que está vez si voy a ser capaz de conseguir llevarlas a cabo.
Ver la repetida película de amor, y sentir esa sensación de vacío y deseo, por estar en lugar de los personajes.
Escuchar la misma canción que revive imágenes que me llenan la cabeza y me hacen sentir a varias emociones, quizás, algo contradictorias.
Recordar que aún queda mucho camino por andar…
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