jueves, 9 de diciembre de 2010

Querida mujer

(10/02/10)

En la penumbra de la pequeña habitación se escucha un corazón lastimado que llora lágrimas de sangre, por otorgar su todo a cambio de unas simples palabras y unas sucias miradas…
Allí, nadie fue testigo de cómo aquella mujer, asesinaba a manos del amor, la pequeña niña de su interior.
Allí nadie gritaba diciendo no lo hagas.
Allí en silencio, aquella mujer se entregaba en las manos del diablo, inconsciente de sus actos, siguiendo su sueño, luchando contra el tiempo, dejando escapar el miedo, cumpliendo sus deseos.
Allí, nadie le digo que era, lo correcto. Nadie era testigo de todo lo que estaban sucediendo.
Querida mujer, una, de entre tantas…
Hoy, para él, ya no significas nada. Eres un vago recuerdo de una noche pasajera con alguien cualquiera.
Querida mujer… Tú, que hoy lloras arrepentida, recordando, a la niña que anoche se fue. Aquella niña que a manos del amor, te dejó dar su ser a cambio de, hoy tan sólo poder lamentarlo.
Se marchó para no volver, y el tren se descarriló en medio de su destino, no halló estación, ni nadie con quien compartir vagón.
Murió sola, llena de tristeza, apenas comenzado el viaje, ella ya sabía, que no sobreviviría. Pero estaba dispuesta a dejarte amar, porque el destino no le dio otra opción más, que ese billete.
Y como entre tantas, querida mujer, hoy te ves donde en el fondo, ya esperabas verte.
Le juraste que lo harías por amor, y no faltaste a tu juramento, ella no te juzga por eso.
Ella no se antepuso en ningún momento a tus deseos.
Ella se fue, para que te convirtieras en mujer.
Pero nadie te explicó, que fuese para siempre.
No supliques, de nada sirve, que mueras tú también.
Y no será ella la que vuelva para recoger los pedacitos de tu corazón y recomponerlos. Será un nuevo demonio, el que sin tú quererlo, borrara el rastro de las manos del diablo, para dejar nuevas huellas sobre tu piel, para pisar lo que te queda por los suelos...
Y es allí, donde te darás cuenta que, el amor de verdad está lejos, tan lejos, que quizás, no lo puedas alcanzar.
 Será allí, cuando renazcas de tu dolor, creciendo como mujer, fría, dura e impenetrable. Calculando que dar y que no poder entregar. Sufriendo la desconfianza y deseando, que nunca, se hubiera ido aquella niña, esa, para lo que todo era un juego, esa, que a todos, les daba una oportunidad de ser lo que eran, esa, que lloraba cuando aún tú, inconsciente, la mandabas a un destino fatal. Esa que murió para dejarte ser, una mujer.

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