lunes, 27 de diciembre de 2010

Caminar



Camino despacio, pero sin pisar fuerte, tengo miedo.
¿Y tú? ¿Dónde fuiste?
Sé que no puedo caminar sin ti.
Necesito tu mano para seguir, para continuar.
Quizás solo fuiste un sueño, un precioso sueño, que me levanto tan alto…
Del cual desperté, cayendo sin ser consciente, de donde estaba el final
Aquí estoy, sentada esperando, llena de heridas.
Hoy, nada merece la pena, si anoche te perdí.
Hoy, ya no sé, ni ponerme en pie,
 Porque te llevaste contigo mi camino.
A tan solo un cielo de distancia y mundo por andar…

viernes, 10 de diciembre de 2010

Reflejo

(3/12/10)
A pareces  ante mí como una imagen difusa, que confunde mis sentidos, debilitándolos por segundos, tratando de aturdir mi razón, jugando con mi memoria, y haciendo estragos en mis sentimientos.
Me confundes. Trato de seguirte, de entender tu juego, pero creo que voy perdiendo, nadie se ha limitado a explicarme el reglamento, a veces me siento estúpida, por sentir esto.
Otra vez tú. Perplejo, te quedas mirando, buscando algo, como si quisieras tratar de llegar a mi desde la distancia, intuyendo cada paso que voy a dar. Me rehúyes.
¿A qué juegas?
He borrado todo lo relacionado con tu juego. Me cansé de perder, quizás, de mi misma.
Una vez más, te me apareces, queriendo no se que, impidiendo que me vaya, que deje de tirar los dados, de probar suerte.
Debes de comprender que estoy aturdida de limitarme a perder.
Y de repente el mundo se llena de ti, miro hacia un lado, te veo, miro al otro, te veo, y dos segundos después, ya no estás.
Creo vivir una realidad paralela en la cual el centro de giro, eres tú, y yo solo camino sobre las calles, odiando querer verte, y arrepintiéndome de odiarme por hacerlo.
En mi universo paralelo, estamos, tú y yo, observando el tablero, que parece ser, describe mis sentimientos.
Me toca tirar, saco cinco, miro tus ojos antes de avanzar, y el dado ha cambiado.
De repente te alejas dejando tanta distancia que necesito tres  dados, para poder alcanzarte.
Aún así persisto, no voy a ceder, pero de repente el tablero se rompe en mil pedazos, y noto como mis lágrimas manchan su superficie, como los dados pierden su sentido, como de la misma forma que este juego comenzó, se ha acabado.
Por dos instantes creí ser capaz de llegar a la casilla llegada, culminar todos mis absurdos sentidos en ti. Pero como siempre, me equivoqué.
Mi universo paralelo se descompone con el paso de las horas, pero eso no es suficiente, para borrar tu reflejo en mi realidad, en mi verdadera realidad, que me grita en el silencio de mi habitación solo cosas que ambos sabemos, quizás, callamos por miedo…
¿Son imaginaciones mías?
Tal vez lo sean…
Quizás de sentido más a mi mundo paralelo que al real, puede ser, que malinterprete las situaciones hasta tal punto de solo ver, lo que yo quiero ver.

La cárcel del miedo

(25/04/10)


Desde aquí, sin luz, en la sombría celda del olvido, le escribo al odio palabras de  amor, con la esperanza de recibir una respuesta, con la esperanza de sobrevivir a este aire putrefacto, que contamina mi interior, recarcomiendo mis entrañas, haciéndome desear arrancármelas y morir en la soledad.
Condenada por aquello que no hice y desee hacer, condenada por no desear lo hecho, y haberlo cometido. Condenada a no recibir tus besos, condenada a vagar entre el miedo y la soledad, condenada a quererte, todavía un poco más.
Tirada en el duro y agrietado suelo suplico al miedo que abra la puerta, que deje salir, aquello que hoy me encierra entre barrotes y no me deja a penas subsistir.
Y me acusa el duro juez de la sabiduría, que me mira atentamente, calculando mis gestos, y entrometiéndose donde otros no pueden.
Tengo como abogado defensor, un corazón malherido, viejo y desfasado por los años.
Que le digo al viento, si el rozar de tus labios me hizo cometer un libre pecado.
Que le digo yo a mi imaginación, si me hizo soñar con tu olor.
Que le digo yo a mi fantasía, si me hizo imaginar que me pertenecías.
Que le digo yo a mi razón, si me hizo fantasear con tu corazón.
Que quieres que te diga… No es cierto que le cuente al amor una historia sin solución.
No es cierto que en la soledad de mi triste presión te añore por cada uno de aquellos instantes.
No es cierto que cuente las horas de mis sueños para saber nuestro aniversario.
No es cierto que recorra su cuerpo de memoria.
No es cierto que sepa a que  saben sus labios.
No es cierto que recuerde cada uno de sus gestos.
Y no es cierto señor juez, que todavía la siga queriendo.
Allí con el bello de punta, la mirada cristalina, tapándose la boca, se marchaba entre la gente, recorriendo la distancia de la habitación en dos zancadas, huyendo de mi destino, y apartando todo aquello que era nuestro.
Y desde entonces pago condena propia por decir aquello que me obligaron y no era cierto, por hablar de nada, por gritar en mi fuero interior palabras de amor, y no poder sacarlas.
Y es que mi cobarde corazón no me dejó escapar de esta prisión.
Y ahora me veo sentada, escribiendo hipocresía de ese día, y ya es bastante duro reconocer quien eres, pero más duro es tener que negarlo.
Y ya es bastante triste quererte, pero más triste es quererte y no deber hacerlo.
Condenada, por amarte y no saber reconocerlo.
Condenada por callarme todas aquellas cosas que mi imaginación nunca dijo, y siempre deseo hacerlo.
Condenada por prometer escaparme de esta celda y no liberarme de verdad.
Condenada por mi propio miedo, que me amordazo y me quito mi dignidad para restregársela. Para reírse de mí, en mi propia cara.
Amor, perdona si te digo te quiero, pero es lo que siento.
Amor, perdona si te digo que te echo de menos.
Amor, aunque yo sé que te falle, se que te queda un poco del aroma de mi piel sobre tu piel.
Amor, se que todavía recuerdas todos aquellos besos que un día no te regresé.
Amor, yo sé que probablemente me odies, pero el recuerdo de tu corazón, es lo único que hace, que de vez en cuando quiera escapar para tocar la libertad.
Perdóname amor si te quiero en este silencio y el miedo atrapa cada uno  de mis deseos.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Querida mujer

(10/02/10)

En la penumbra de la pequeña habitación se escucha un corazón lastimado que llora lágrimas de sangre, por otorgar su todo a cambio de unas simples palabras y unas sucias miradas…
Allí, nadie fue testigo de cómo aquella mujer, asesinaba a manos del amor, la pequeña niña de su interior.
Allí nadie gritaba diciendo no lo hagas.
Allí en silencio, aquella mujer se entregaba en las manos del diablo, inconsciente de sus actos, siguiendo su sueño, luchando contra el tiempo, dejando escapar el miedo, cumpliendo sus deseos.
Allí, nadie le digo que era, lo correcto. Nadie era testigo de todo lo que estaban sucediendo.
Querida mujer, una, de entre tantas…
Hoy, para él, ya no significas nada. Eres un vago recuerdo de una noche pasajera con alguien cualquiera.
Querida mujer… Tú, que hoy lloras arrepentida, recordando, a la niña que anoche se fue. Aquella niña que a manos del amor, te dejó dar su ser a cambio de, hoy tan sólo poder lamentarlo.
Se marchó para no volver, y el tren se descarriló en medio de su destino, no halló estación, ni nadie con quien compartir vagón.
Murió sola, llena de tristeza, apenas comenzado el viaje, ella ya sabía, que no sobreviviría. Pero estaba dispuesta a dejarte amar, porque el destino no le dio otra opción más, que ese billete.
Y como entre tantas, querida mujer, hoy te ves donde en el fondo, ya esperabas verte.
Le juraste que lo harías por amor, y no faltaste a tu juramento, ella no te juzga por eso.
Ella no se antepuso en ningún momento a tus deseos.
Ella se fue, para que te convirtieras en mujer.
Pero nadie te explicó, que fuese para siempre.
No supliques, de nada sirve, que mueras tú también.
Y no será ella la que vuelva para recoger los pedacitos de tu corazón y recomponerlos. Será un nuevo demonio, el que sin tú quererlo, borrara el rastro de las manos del diablo, para dejar nuevas huellas sobre tu piel, para pisar lo que te queda por los suelos...
Y es allí, donde te darás cuenta que, el amor de verdad está lejos, tan lejos, que quizás, no lo puedas alcanzar.
 Será allí, cuando renazcas de tu dolor, creciendo como mujer, fría, dura e impenetrable. Calculando que dar y que no poder entregar. Sufriendo la desconfianza y deseando, que nunca, se hubiera ido aquella niña, esa, para lo que todo era un juego, esa, que a todos, les daba una oportunidad de ser lo que eran, esa, que lloraba cuando aún tú, inconsciente, la mandabas a un destino fatal. Esa que murió para dejarte ser, una mujer.