domingo, 27 de septiembre de 2015

Perdida


Sin encuentro, ni rumbo alguno, tal cual.

Presagiando como pájaro de mal ahuero destinos inciertos llenos de dolores de cabeza y tardes lluviosas tras el cristal.

Sentada, abatida y desilusionada con el mundo, que de tanto cuento me dio tiempo a descontar las cuentas y terminar con el desencanto del encantamiento tras el hechizado desdicho…Y entre dicho y dicho me extravío. Trastabilleo entre palabra y palabra enmudeciendo en los huecos de cada vocal, da igual sílaba asonante o consonante, nada tiene sentido ya.

Llega el invierno. Y no hay mantita ni brasero sin tus brazos.

Continuo manteniendo el equilibro a ambos lados del precipicio, aún no sé cómo diantres llegue hasta aquí.
Tiembla la cuerda y yo ya considero el caer como la opción más aceptable hasta el momento.

Alas, descreciendo a medida que trascurre el tiempo.

Me abrazo con tanta fuerza a esta incertidumbre que me duele el cuerpo ya.

El agotamiento funde de negro todos los sentidos y olvido que fui grande, tan grande que brillaba en tus ojos mientras aguantaba la quietud de nuestro universo.

Aferrarme/te/nos.

Quererte de lejos…


Buscando la salida o entrada, yo que sé…

sábado, 12 de septiembre de 2015



Más humana…

Así es como precisamente no me siento hoy. Hoy me parezco animal, una bestia parda que arrasa con todo sin mirar atrás, huyendo de esa “humanidad”, de la alta especie llena de hipocresía y egoísmo. Que resuma superioridad y no es capaz de morir por la boca a pesar de que dentro, muy dentro de esas cabezas y corazones no hay ni pizca de aquello que llaman amor. Si amor, y no estoy hablando de “ñoñerías” (como dirían algún@s) hablo de esa capacidad que la naturaleza le da a las bestias pardas para amar, amar a sus hij@s o a los hij@s de otr@s.

Y me siento cada día más vacía y llena de mierda, porque prefiero seguir siendo bestia parda o una “cabra loca” que llamarme humana y encasillarme dentro de una categoría que por tal de hacer daño hace ojos que no ven corazón que no siente todo el rato. Está el refrán muy trillado ya señor@s.

Los human@s a veces olvidamos algo que los animales por naturaleza ya saben, menos apalear a tod@s aquell@s que te tienden una mano y más amar.


Un poco más de humildad y respeto, hagamos acopio de ser human@s de verdad.