Odio esa sensación...
Los segundos marcados en el reloj, tan fuertes, que puedo oírlos.
Y se marchan, insinuando que ya no volverán, golpeando cada instante, haciendo recordar que el anterior se fue, y este ya se va.
Corres el riesgo de perder aún sin apostar, y no te queda otro remedio que estar, estando sabiendo que quizás mañana no estarás o tal vez sí.
El mundo se hace tan inmenso… y yo tan insignificante, que no puedo compararlo con nada, para igualar tal situación.
El segundero continúa restando tiempo… Me siento en una contrarreloj en la que, o corres en contra de tus ganas, o ahí te quedas, viendo pasar tu vida por delante, como si fueses cualquier estatua de un parque, cagada por las palomas, firme ante el temporal… pero vacía, mustia, oxidada…
Vivir ignorando lo incalculable de lo que queda… y mis cuentas, no se ajustan ni a tiros. Supongo que ese es un defecto más del ser humano, “querer más”, cuando realmente “no es necesario”. ¿Quién lo sabe en realidad?
¿Cuántos años bastan para conocer a la persona que quieres? ¿Cuántos minutos tenemos para caer en la cuenta de que no sabes nada? ¿Cuántos años son suficientes para viajar y conocer diferentes culturas? ¿Cuántas décadas para tener ese dinero que nos lleve a viajar? ¿Cuántos segundos nos separan de la vida? ¿Cuándo es el momento exacto? Al fin y al cabo, ¿Cuándo?
Tiempo… ¿Cómo vivir y hacerlo todo a la vez?
El secreto es ser feliz pero… ¿Se puede ser feliz completamente?
….
El ser humano, no posee esa cualidad de forma continua.



