Esperando casualidades, que nunca lo serán.
Creyendo en imposibles, tan, como siempre.
Huyendo de mi misma, para encontrarme de frente.
Esconderme en las esquinas, por este maldito miedo.
Pasar de puntillas, para no despertarme.
Aguantando en el estruendo de mi cabeza, frases de necesidad, que corren por ser gritadas, aunque sea en el silencio, que envuelve mis sábanas.
Sueños incompletos, que demoran el descanso, y enturbian mis pensamientos al despertar.
Te busco, te encuentro… y desapareces, como si jamás te hubiese visto.
Y yo… me quedo con este dolor de cabeza matutino, complicando las cosas, de esa manera que solo ella entiende…
Y no puedo evitar sentirme así… puede que con o sin motivos, pero al fin y al cabo, irremediablemente sentir…
Y sentir, ya es un acto bastante solitario… ¿Quién, como yo, para comprenderme? No, definitivamente nadie.

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