Colgando, están mis pies, del sucio balcón, y el pétreo suelo, sujeta mi cuerpo asentado ante el gélido temporal.
Y miro hacia abajo… la calle esta mojada… irremediablemente recuerdos pasan al frente, sin tan si quiera poder evitarlo, porque evadirlos, bien sé, que de nada vale…
Voy a dejar que estos pensamientos se los lleve, mis imágenes postergadas en el tiempo, que en silencio, me cuentan historias del lejano ayer, que a gritos sostienen, dulce e irónicamente, “esta verdad”, que pasa empapando cada segundo de la realidad, que por más neblina que haya en el ambiente, no disimula sutilmente ni, mal dicho, una mierda…
Y me quedo con el olor a húmedo del viento, con las pisadas que mueven el agua de los charcos, con el vaho que empaña los cristales de los coches de la calle, con la respiración marcada en el aire, del hombre que pasa paseando al perro, con el nuboso cielo, para así, sentirme más real dentro de este, desastre de vida.

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