Suplantemos al tiempo,
hagamos como que allá, fuera, dejó de diluviar y marchemos a desandar…
Recalcular el camino de
vuelta cayendo un mar del cielo, que resbala lento por tu pelo, mientras
sonríes despacio levantando tu mirada hacia la mía. Y como si la imagen se
quedase congelada en ese momento, yo olvido respirar, hasta que el corazón
impulsa dos latidos a descompás, recordándome dicha necesidad. Ahí voy de
nuevo, sonriéndote, porque no se me ocurre mejor respuesta que...

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