Se desmorona esa meta cada paso que doy en su culminación… no llego, y como bien dije en textos anteriores, el final queda lejos…
¿Qué está pasando? ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿A qué estoy jugando?
Cabreo momentáneo, de esos que te hacen pensar y replantearte más que varios de los pensamientos que pasan por la cabeza.
Echar la vista atrás… en este mismo momento, pero en otro tiempo. Haciendo de esas promesas pasadas, un desfase que jamás se cumplió. ¿Ahora qué?
Ya es demasiado tarde, y el peso de la culpa recae como nunca.
Decisiones sin pensar, instantes inolvidables, “me da igual” sin recapacitar, carpe diem, que hoy pesa tanto que me aplasta.
¿Por qué en este lugar? No se… supongo que recuerdos.
Frases como este año “será distinto”. (Y lo fue, pero no en el sentido que imaginabas)
Planteamientos de primeras, de segundas, de terceras, que jamás llegaron ni a cuartas, porque se fueron dejando.
Tal vez mañana… y nunca desperté a tiempo.
Mis horas se quedaron en la almohada, en un colchón, en la última cerveza, en la parte trasera de un coche, en un partido de fútbol, en las páginas de un libro, en una red social, en este texto… menos donde deberían estar. Y la escusa siempre fue: la vida es así, para vivirla. Nadie te enseña, y resulta que el final es el mismo para todos.
Este es mi pequeño recordatorio, para cambiar, lo que antes no pude, no quise o pase de hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario