Soy de irme por las ramas, de sacar de donde no hay, de volar sin alas, y de no aterrizar, sino estamparme contra lo que tantas veces evito.
Y así una y otra vez, sin parar.
Pero llega el momento, en que, de tanto volar, y caer, volar y volver a caer, te cansas o tus no alas te dejan, y ya no entras en el eterno juego, “tú me dices y yo te busco”.
Siempre me quedo en las palabras, y si algún día descubriera el porque será, seguramente lo evitaría, pero nadie me enseñó, y sí lo hizo, está claro, que no fue la forma correcta, porqué no funciona…
Soñar, ilusionarme, dos conversaciones, y seguir soñando, eso es todo.
¿Lo entiendes?
Yo tampoco.
Ir ha más, es perderme en un completo mundo desconocido y a la vez, muy familiar, que me llena de ansiedad y nerviosismo, que por más lejos que esté, allí voy yo, simplemente porque con miedo, aún sigo deseándolo.
Incompresible, el actúa sin mi permiso, y aquí estamos, tu me rozas, yo tiemblo, tu hablas, yo tartamudeo. Y no lo dejó, pero es libre, y aunque mi consciente sabe perfectamente lo que hay, mi inconsciente se empeña en hacerlo así siempre…
¿Ves? Lo ha vuelto a hacer.
Este eterno retorno que me vuelve loca y me desquicia, solo pido, enséñame como hacerlo…

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