Hace tiempo leía o escuchaba, no lo
recuerdo, que somos más espejos que ventanas, y es que, no sabemos ver a los
demás como son sino como queremos que sean.
Y
llega un punto que te importa tanto todo que deja de importante cada cosa, cada
lugar, cada persona… Entonces caes en la cuenta de que sigues estando
absolutamente sola. Continúas con el mismo equipaje de mano desde hace años
pero aún más pesado, arrastras heridas de batallas inacabadas por todo el
cuerpo, la mente nublada y una sensación trillada de derrota.
A
vencido el camino, el viento te ha tumbado si, ahora tienes arena hasta en la
boca y ya ni si quiera escupes barro… Permaneces jodidamente sola en un
desierto que con el tiempo has ido cultivando. Te preguntas de donde cojones
sale esta mierda de duna o el maldito cactus de en frente, no sacas nada en
claro y te detienes. Paras, ya no escuchas el sonido del viento, estás
completamente pérdida en tu propio y condenado infierno. El silencio suena
atronador en este lugar y es que se acabaron los momentos, se terminaron las
escusas y las ansias de justificarte. No más, ya no.
