Hoy es uno de esos días en que el ayer me pesa, pesa
tanto que sus recodos quedan marcados a piel en cada célula de mi cuerpo.
Y podría quejarme, gritar, llorar, patalear y rendirme.
Sería tan fácil rendirse… que por un instante la expectativa me tienta, me
llama y me susurra bajito al oído un ¡basta ya! ¡No puedes seguir!
¿Qué sentido tiene correr tan lejos? ¿Dejar atrás los
años vívidos sin tenerlos en cuenta? ¿Sin valorar donde llegaste?
Aprender.
Es una de esas palabras que llegue a odiar mucho… pero con cada paso, con cada
zanca en la que el viento me retrasaba en continuar, descubrí que significa
mejorar.
No estoy dispuesta a plantarme. Aunque me canse y el
temporal no acompañe. Aunque el camino sea duro y largo, lucharé. Porque
rendirse no es opción, hoy ya no.
Voy a dejar de pararme a esperar mientras el segundero
me quita tiempo, tiempo que en algún momento dejará de contar sin avisar.
Disfrutar…
Apreciar los detalles que no percibimos por tener el objetivo enfocado en lo
negativo.
Se puede. Yo lo sé.
¿Tú lo sabes?
Basta
con empezar a creer en ti.
